Capítulo 5
Los niños de Minab: rostros, familias y las vidas que llevaban
Muchos niños murieron en este crimen de guerra. Sin embargo, ninguno de ellos fue solo un número en el registro de una masacre. Cada niño era la calidez del hogar de una familia, la luz de los ojos de un padre o una madre, la risa de un aula, y el centro de un mundo que otros amaban profundamente.
Por cada niño cuya vida fue arrebatada, quedaron muchos corazones heridos: madres y padres, hermanos y hermanas, abuelos, familiares, compañeros de clase, maestros, vecinos y amigos. Su ausencia no se quedó en el lugar del ataque. Entró en los hogares, se sentó a mesas vacías, resonó en habitaciones silenciosas, y cambió para siempre la vida de quienes los sobrevivieron.
En este capítulo, en la medida de lo posible, recordamos la vida de estos niños: sus sueños, sus familias, sus pequeñas alegrías, sus futuros inconclusos, y lo que les sucedió a ellos y a sus seres queridos aquel día. Lo hacemos no para convertir el dolor en espectáculo, sino para devolver a cada niño, en la medida en que las palabras lo permitan, desde el frío lenguaje de las cifras de víctimas hacia la verdad viva de quiénes eran.
Tenían nombres. Tenían rostros. Tenían voces. Tenían sueños. Y antes de que la guerra se los llevara, pertenecían al amor.
Los Niños











































































