
Salma y Asra Zakeri eran dos hermanas. Salma estaba en primer grado, y Asra en cuarto grado.
En su última mañana, como hacía siempre, su padre ayudó a Asra a ponerse los calcetines. La niña miró hacia abajo y dijo: «Papá, los pusiste mal.» Señaló con la mano: las muñecas de los calcetines tenían que quedar una al lado de la otra. Su padre, paciente, se los quitó y se los puso de nuevo. La imagen de los calcetines quedó grabada en su mente.
Horas después, entre muchos cuerpos cubiertos, vio el pie de una niña pequeña. Se veía un calcetín con estampado de muñecas.
Gritó: «Han encontrado a Asra.»

Los cuerpos de Asra y Salma fueron encontrados uno junto al otro. Su padre dice que no habían sufrido heridas visibles graves; habían muerto bajo los escombros después de que el edificio se derrumbara. En el funeral de Salma y Asra, el padre sostuvo a sus dos hijas bajo el ataúd al mismo tiempo. Para su familia, el dolor no fue solo perder a dos hijas, sino encontrarlas juntas, como si ni siquiera la muerte hubiera separado a las hermanas.