
Ali Hafizi cursaba quinto grado.
Soñaba con convertirse en piloto y servir a Irán. Pero llegó a los cielos antes de poder alcanzar su sueño.
Su madre, con notable dignidad y fe, dijo:
«Estados Unidos pensó que, haciendo sufrir a las madres y a las familias, la nación iraní retrocedería. Pero se equivocó. Con todo nuestro ser, estamos junto a Irán y junto a nuestros hijos.»
El sueño de Ali pertenecía al cielo: el sueño de un niño que quería volar, servir y crecer hasta convertirse en algo más grande que él mismo. La guerra no le permitió llegar a ser el piloto que imaginaba. Se lo llevó del salón de clases antes de que ese sueño pudiera tomar forma.
Pero las palabras de su madre permanecen junto a su nombre: el dolor no quebró su fe, y la pérdida de su hijo no la hizo apartarse del país al que él había querido servir.