Capítulo 7
Las maestras que se quedaron
El ataque contra Irán comenzó en un día hermoso, pero llegó con traición y sin previo aviso, en medio de las negociaciones. Para las maestras de la escuela Shajareh Tayyebeh, sin embargo, el peligro ya no era abstracto. Desde los primeros momentos de la guerra hasta la hora de su martirio, sabían que la muerte se acercaba. Tuvieron la oportunidad de huir. Tenían el derecho de salvarse. Y sin embargo, se quedaron.
Se quedaron para que el coraje no fuera solo una palabra. Se quedaron para que la entrega no tuviera solo un nombre, sino un rostro, una voz y un cuerpo interpuesto entre los niños y la muerte. Se quedaron porque creían que ninguna maestra podía irse a casa mientras sus estudiantes todavía esperaban ser salvados.
Algunas de estas mujeres tenían a sus propios hijos con ellas en la escuela ese día. Pero en ese momento de miedo y fuego, no hicieron distinción entre sus propios hijos y los niños que otras familias les habían confiado. Se convirtieron en madres de todos. Se convirtieron en escudos. Se convirtieron en el último refugio de los niños de la escuela Shajareh Tayyebeh.
Este capítulo honra a esas mujeres: las maestras que se quedaron, las mujeres que no abandonaron a sus estudiantes, y las almas valientes cuya última lección no se escribió en un pizarrón, sino en el sacrificio.
Los Maestros














